MacIntyre y la ley natural

MacIntyre y la ley natural: un desafío ético a la sociedad liberal

por José Luis García Martínez[i]

MacIntyre y las diferentes formas de ver el mundo

La actualidad nos ofrece un diagnóstico del que difícilmente podemos disentir. En nuestra sociedad surgen diferentes formas de ver el mundo que exigen ser tenidas en cuenta. Las personas que la forman consideran su forma de ver el mundo como la más adecuada, y viven conforme a su sistema de creencias. Cualquiera que, en sentido contrario, decida imponer su cosmovisión es acusado de dogmatismo o proselitismo, en función de su tolerancia con otras posiciones y su intención de reubicar hacia su cosmovisión al resto que no piensa como él. Este es un logro incuestionable de las sociedades liberales. Pero este logro tiene una serie de consecuencias no deseables. Desde esta diferenciación, es difícil conseguir acuerdos (más difícil todavía sería conseguir un consenso). La política, por ejemplo, se reduce a negociaciones entre grupos que representan intereses colectivos (partidos políticos y grupos de presión). Las negociaciones se justifican en una antropología egoísta, en la que cada grupo atiende a sus intereses, con la suerte de que los otros grupos, igual de egoístas que los primeros, suponen un contrapoder. De esta forma se logra lo que algunos llaman equilibrio.

MacIntyre y la búsqueda de acuerdos

Para analizar esta situación Alasdair MacIntyre ofrece una propuesta ética interesante. Este pensador observa una paradoja en el pensamiento moderno, a saber: si hemos avanzado en la forma de entender el mundo y entendernos a nosotros mismos, ¿cómo puede ser que nunca hayamos estado tan alejados de llegar a acuerdos como en la actualidad? En la Ilustración, parecía haberse conseguido un método para dejar atrás los errores o las imprecisiones. Ello debía de conducirnos a cuestiones irrefutables. Pero su puesta en funcionamiento nos ha llevado a multitud de teorías que se presentan como verdaderas. En el ámbito moral, como muestra, aparecen teorías éticas divergentes que dificultan los acuerdos: procedimentalistas, deontológicas, neokantianas, neoaristotélicas, etc.

Desde esta multiplicidad de opciones se contrasta el triunfo de una forma de relacionarnos: el pluralismo, que refrenda esta divergencia en las formas de relacionarnos con el mundo. Dentro de esa divergencia y diversidad, y aunque alguien considere que su propuesta es la verdadera, debe respetar las propuestas de los otros. Ello por una razón simple: el otro puede estar tan convencido como el primero de su propuesta, y resolver qué propuesta es verdadera resulta imposible, puesto que los enunciados morales no pueden ser sometidos a prueba (a diferencia de los enunciados científicos). En el campo de la moral esta visión ha conducido a un emotivismo, por el cual se considera que cualquier exigencia con calado moral manifiesta una emoción, puesto que no puede validarse.

Desde esta propuesta, cualquiera que realiza un juicio moral lo único que busca es imponer su visión al otro, busca que el receptor del mensaje se comporte tal y como el emisor espera. El emotivismo, por consiguiente, defiende la imposibilidad de exigencia moral más allá de la convivencia básica (nadie cuestiona el reproche al asesinato), y reduce cualquier exigencia moral del tipo “esto es malo” a un juicio de preferencia personal del tipo “desde mi particular punto de vista, esto es malo”.

MacIntyre y el emotivismo

MacIntyre considera insuficiente para la ética la forma emotivista de interpretar el mundo moral. Si, cuando alguien señala que una acción es reprochable, lo único que pretende es imponer su punto de vista, las relaciones morales se presentan como un conflicto. El vencedor es el que impone su descripción sobre la situación, el que impone su evaluación moral sobre la evaluación moral del otro. La conclusión es desalentadora: si todas las evaluaciones morales pueden imponerse, ninguna tiene un mayor grado de veracidad o, en otras palabras, ninguna posee mejores razones para ser oponible frente a las otras. Serán los recursos del emisor y del receptor los que decidan qué exigencia moral se impone.

Frente a posiciones emotivistas, MacIntyre retoma un concepto clave en la filosofía moral: la ley natural. Este término recorre toda la historia de la filosofía, presentándose como un asidero que pretende escapar de posiciones escépticas respecto a los contenidos morales. Desde sus orígenes, la ley natural ha defendido la posibilidad de explicitar unos contenidos irrenunciables que deben ser atendidos incondicionalmente por todo ser racional. Y desde esta defensa el conflicto con la visión pluralista es inevitable, puesto que aboga por la existencia de mejores exigencias morales que otras. Pero ello no debe hacernos pensar que tratamos de un autor que busca imponer una visión determinada.

MacIntyre, en sus últimas obras, analiza los encuentros entre diferentes formas de relacionarse con el mundo, que constituyen las diferentes tradiciones. Estos encuentros deben conducir a la superación de diferencias, desde la posibilidad que tienen las diferentes tradiciones de relacionarse. En el plano individual, los que participan de una tradición tienen la posibilidad de recibirla, aceptarla, criticarla o mejorarla. Los preceptos que posibilitan este encuentro se equiparan a los preceptos de la ley natural, y se dan, ya de hecho, en la práctica de esos encuentros. MacIntyre nos invita a abandonar una antropología emotivista, que nos define en el plano moral como egoístas que pretenden imponer su visión o su evaluación moral. Por el contrario, tenemos que recordar lo que nos constituye: poseemos una parte animal, poseemos una parte racional y somos dependientes, nos necesitamos unos a otros. Este último punto es clave en su antropología.

Todos hemos tenido experiencia de dependencia y vulnerabilidad (siendo niños o ancianos, estando enfermos o estando impedidos, ya temporal o permanentemente). Este recuerdo, acallado por la ilusión de autosuficiencia liberal, exige el encuentro amable con los otros. La práctica de ayuda en momentos de dependencia, que aparece de forma corriente en nuestros colectivos, parece haber sido despreciado desde las teorías emotivistas. En otras ocasiones han reconducido estas prácticas a intereses egoístas, difícilmente defendibles, o a mensajes ingenuos que olvidan nuestra verdadera naturaleza.

MacIntyre y la oposición de exigencias ante los abusos

Atender a MacIntyre, a su biografía compleja y a sus obras en conjunto, nos posibilita escapar de simplificaciones del autor, aunque costará acallar las resistencias que algunas de sus propuestas exigen.

Su propuesta es novedosa y reivindica el concepto de ley natural a través de su reactualización, abriendo nuevos caminos para repensar cuestiones que ejemplifican el anhelo de lo humano por mejorar.

Y en la situación en la que nos encontramos oponer exigencias irrebasables ante los abusos es una tarea urgente, ¿está la filosofía moral dispuesta a emprender este desafío? ¿Estamos dispuestos a tomarnos en serio esta invitación de MacIntyre?


[i] José Luis García Martínez ha presentado su tesis Cosmovisión liberal y ley natural: claves de la antropología de MacIntyre, Universidad de Valencia

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Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la UCV "San Vicente Mártir". Autor, entre otras obras, de "Los Nuevos Redentores" (Anthropos, 1987), "Tecnología y futuro humano" (Anthropos, 1990) y "La violencia y sus claves" (Ariel Quintaesencia, 2013).
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jsanmartin

Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la UCV "San Vicente Mártir". Autor, entre otras obras, de "Los Nuevos Redentores" (Anthropos, 1987), "Tecnología y futuro humano" (Anthropos, 1990) y "La violencia y sus claves" (Ariel Quintaesencia, 2013).

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