La muerte: reflexiones. Por Marta Z. Carrasco

[themecolor]El inexorable final de nuestra existencia terrena[/themecolor]

Marta Zulma Carrasco Uruguay

Marta Zulma Carrasco
(Uruguay), autora de este artículo sobre la muerte

Marta Z. Carrasco Maeso,

Estudiante del Grado en Filosofía (online)

UCV «San Vicente Mártir»

 

 1. Introducción

Sabemos algunas cosas sobre la muerte, pero es más lo que desconocemos acerca de ella, ya que nos es imposible experimentarla en vida. Está situada totalmente fuera de nuestro control y puede sobrevenirle al hombre en cualquier momento.

La muerte corta los vínculos con nuestros afectos, pone en riesgo la permanencia de nuestra identidad, pensamientos y recuerdos, y nos aleja definitivamente de nuestro entorno, terminando por completo con nuestra capacidad de obrar, interactuar y sentir con nuestro cuerpo. Aquello que no hayamos hecho o concluido durante nuestro transcurso por la vida, ya no tendrá oportunidad de ser finalizado en caso de que la muerte nos sorprenda.

Aun así, sabiendo todo esto, algunos guardamos internamente un deseo pretérito por creer que la vida continua de alguna forma mas allá de la muerte, y albergamos la esperanza de continuar existiendo fuera de nuestros cuerpos. Este sentimiento no solo nos sirve de consuelo frente a la separación física inevitable, sino que habrá de ser una forma esperanzadora y valiente de convalidar el sentido y el esfuerzo por lograr una existencia digna de ser vivida.

La cercanía de la muerte, a pesar de ser un hecho biológicamente conocido por todos nosotros, nos genera, sobre todo en nuestra cultura, resistencias y angustias, en primer lugar porque nos enfrenta con la pérdida de una de nuestras posesiones terrenas más importantes: el cuerpo. Segundo por su dimensión desconocida e impredecible, que implica no saber ni cuándo llegará, ni que pasará con nosotros una vez que lleguemos a ese estado. Tercero, porque es una experiencia que nadie puede pasar en lugar nuestro, ni a la que podemos asistir acompañados de los seres queridos que compartieron hasta ese momento la vida con nosotros , puesto que, en algún momento del proceso, habrá un umbral por el cual pasaremos de la vida a la muerte, dejando atrás a los que se quedan.

Solemos pensarla como una posibilidad y no como una certeza inexorable, a la que habremos de llegar en algún momento dado de nuestras vidas. Muy difícilmente podemos imaginarnos, ni por un segundo, fuera del marco de nuestra  existencia física terrena.

El misterio que encierra la muerte, ha sido abordado por múltiples disciplinas, como la ciencia, la psicología, la filosofía, la antropología y la religión; y el sentimiento que provoca en el hombre, ha sido recogido por la literatura, la pintura la escultura y muchas otras artes. La expresión simbólica se cristaliza en los diferentes rituales que cada cultura practica, donde lo natural y conocido colinda en ocasiones con lo sobrenatural e inexplorado.

Respecto de nuestro deseo de vivir y ser eternos, dice Miguel de Unamuno:

Imposible nos es, en efecto, concebirnos como no existentes, sin que haya esfuerzo alguno que baste a que la conciencia se dé cuenta de la absoluta inconsciencia, de su propio anonadamiento. Intenta, lector, imaginarte en plena vela cuál sea el estado de tu alma en el profundo sueño; trata de llenar tu conciencia con la representación de la inconsciencia, y lo verás. Causa congojosísimo vértigo el empeñarse en comprenderlo. No podemos concebirnos como no existiendo (Chaguceda Toledano, 2005: 188)

 2. Dar sentido a la vida frente a la muerte

En el intento por dar sentido a la vida frente a la muerte, el ser humano, en su sed de conocimiento, ha buscado respuestas desde la antigüedad, bebiendo a menudo en la fuente de la fe y la religión.

Los múltiples hallazgos dentro de las diferentes culturas de los restos de difuntos acompañados con utensilios y efectos personales le permiten a la Antropología aseverar la existencia de creencias en una vida más allá de la propia muerte desde los tiempos prehistóricos.

La filosofía, como no podía ser de otra manera, no ha sido ajena a este problema, encontrándose sus primeros indicios sobre el tema en Aristóteles :

Se ha de concluir, pues, que existe esta diferencia, o caso mas bien que no se sabe, respecto de los muertos si participan de algún bien o de lo contrario. Parece pues según esto, que si algo llega hasta ellos, sea bien o lo contrario es tenue y poca cosa o en absoluto o para ellos; y si no es de tal magnitud e índole que ni puede hacer felices a los que no los son ni a los que lo son quitarles la ventura. Parece pues, que alcanza de algún modo a los muertos la prosperidad de sus amigos, e igualmente sus desgracias, pero de tal modo y de tal medida que ni pueden hacer que los felices no sean felices ni otra cosa semejante (Aristóteles, 1959: 15 (1101)).

El alma.

Al sobrevenirle entonces al ser humano la muerte, según parece, lo mortal en el muere, pero lo inmortal se va y se aleja, salvo e indestructible, cediendo el lugar a la muerte. –Esta claro. -Por tanto antes que nada- dijo cebes-, nuestra alma es inmortal e imperecedera, y de verdad existirán nuestras almas en el Hades”. (Platón, 1986: 107)

 

Pero, ¿existe algo en el hombre que no sea alcanzado por la muerte?

En el caso de que admitiéramos una continuación de la existencia, habría de serlo a través de algo indisoluble y simple y, por tanto, incorruptible, algo diferente de la substancia del cuerpo, algo incapaz en definitiva de ser tocado por la muerte: el alma.

Santo Tomas de Aquino nos habla del alma como Aristóteles, un alma a la cual la muerte no le abraza, capaz de existir tanto dentro de la dimensión física (el cuerpo) como fuera de ella después de la muerte. Si admitimos las creencias que nos proporcionan las religiones a través de las revelaciones y la fe, y el valor de las trasmisiones orales y escritas de las costumbres y rituales populares que poseen un alto contenido simbólico, encontraremos un común denominador en cuanto al mensaje esperanzador que ellas nos trasmiten frente a la muerte: la muerte es vista más como una transición, que como un final vacío.

Mil veces y en mil tonos se ha dicho cómo es el culto a los muertos antepasados lo que enceta, por lo común, las religiones primitivas, y cabe en rigor decir que lo que más al hombre destaca de los demás animales es lo de que guarde, de una manera o de otra, sus muertos sin entregarlos al descuido de su madre la tierra todo paridora; es un animal que guarda muertos. ¿Y de qué los guarda así? ¿De qué los ampara el pobre? La pobre conciencia huye de su propia aniquilación, y así que un espíritu animal desplacentándose del mundo, se ve frente a este y como distinto de él se conoce, ha de querer tener otra vida que no la del mundo mismo. Y así la tierra correría riesgo de convertirse en un vasto cementerio, antes que los muertos mismos se re mueran” (Unamuno, 1983: 94)

En este sentido:

  1. El Hinduismo cree en la transmigración de las almas: la muerte es un migrar del alma a otro cuerpo con la esperanza de una liberación final que acabe con las reencarnaciones a través de una conducta superada.
  2. Para los budistas, la muerte no es más que un tránsito, propiciando el desapego al cuerpo carnal y a las pasiones que lo atan, con el fin de evitar la rueda de las reencarnaciones. El buen obrar durante el periodo de vida le permitirá al individuo disfrutar de un karma favorable, los actos negativos arrojarán un karma negativo y como consecuencia la reencarnación se dará bajo una forma determinada regida por la ley de causa y efecto; por eso la muerte no es un final, más bien se asemeja a un cambio de ropaje
  3. Para los hebreos, el ser humano no es un espíritu encarnado, sino un cuerpo animado. Jehová formó al hombre del polvo e insufló un soplo de vida en él; creándolo a su propia imagen y semejanza. El aliento divino es la vida del hombre. El destino del hombre lo encuentra en el sentido de su vida terrenal. El respeto y el temor a un Dios que castiga y da recompensas.
  4. En el islamismo el único Dios es Alá y Mahoma es su mensajero. Tras la muerte del cuerpo físico el alma es conducida al paraíso si los resultados alcanzados en la vida son positivos o al infierno en caso contrario.
  5. Para el cristianismo, la resurrección de los muertos tendrá lugar al final de los tiempos, constituyéndose en uno de los mensajes más esperanzadores. La resurrección afectará tanto al alma como al cuerpo. Ambos componen una realidad única, indivisible, irrepetible.

En lo que concierne a la ciencia, ésta ha encontrado sin proponérselo, algunas respuestas que develan una parte del misterio a través de los estudios y relatos de las ECM (experiencias cercanas a la muerte).

3. ECM- EXPERIENCIAS CERCANAS A LA MUERTE

Nos permitimos citar textualmente un texto en español del Dr. Ernesto Bonilla, extraído de un resumen efectuado por el Instituto de Investigaciones Clínicas ¨Dr. Américo Negrete¨ Facultad de Medicina, de la Universidad del Zulia y Centro de Investigaciones Biomédicas IVIC-Zulia. Maracaibo, Venezuela.. Al pie, también se encuentran otras referencias científicas que pueden ser consultadas como ampliación de la información.

Resumen: Las experiencias cercanas a la muerte (ECM) son eventos lúcidos que ocurren cuando una persona está tan comprometida físicamente que moriría si su condición no lograra mejorar. Está inconsciente, sin latidos cardíacos detectables, sin respiración y los registros electroencefalográficos son planos. Las ECM pueden incluir algunos de los siguientes elementos: experiencias fuera del cuerpo o separación de la conciencia del cuerpo físico, incremento en la percepción sensorial, emociones intensas, viaje hacia o a través de un túnel, observación de una luz brillante, encuentro con seres místicos o familiares y amigos fallecidos, sentido de alteración del tiempo y el espacio, revisión de la vida, visualización de paisajes celestiales indescriptibles, encuentro con una barrera o límite, aprendizaje de un conocimiento especial y el regreso voluntario o involuntario al cuerpo físico. La similitud de las ECM en niños y adultos es una evidencia de que son reales y no debidas a creencias preexistentes, influencias culturales o experiencias previas en la vida actual.

Las características de las ECM son parecidas en todo el mundo y en personas de diferentes culturas. No existen evidencias que apoyen las hipótesis psicológicas, fisiológicas, neuroquímicas y neuroanatómicas para explicar las ECM. Se han propuesto modelos multifactoriales basados en la combinación de todos los factores señalados (hipoxia cerebral, liberación de serotonina, endorfinas o compuestos similares a la ketamina). Aunque los factores fisiológicos, psicológicos y socioculturales pueden interactuar en las ECM, las hipótesis que se han propuesto son meras especulaciones sin soportes sobre lo que ocurre durante una ECM (Bonilla, 2011)

Estas revelaciones científicas, nos hablan claramente de una muerte clínica del paciente y una posterior existencia del individuo, respecto al cuerpo físico declarado muerto, que no atiende a posibles evidencias que apoyen las hipótesis psicológicas, fisiológicas, neuroquímicas y neuroanatómicas, como explicación valida frente al fenómeno de las ECM.

Pero vayamos un paso más allá de lo religioso, lo científico y de las creencias que enumeramos anteriormente, y situémonos en el terreno filosófico y más exactamente en Descartes y el cogito.

4. Rene Descartes y el cogito

De la duda radical, Descartes extrae la primera certeza absoluta: la existencia de un sujeto que piensa (cogito, ergo sum: pienso, luego existo). Descartes considera que lo que piensa puede ser falso, pero si está dudando, es porque hay un sujeto pensante. Y de eso no hay ninguna duda. Es un punto de apoyo firme e inmóvil; es una verdad clara y distinta, fruto de la intuición, y que supera los pasos de la duda metódica. Saber que hay un sujeto pensante es afirmar que se trata de algo que piensa y por tanto existe. En el escenario de la existencia física comprender esta verdad, exige un poco del esfuerzo de nuestra compresión, pero al final resulta claro y contundente su resultado.

Y  ¿qué pasaría si esta idea clara y contundente de la existencia la extrapoláramos, por decirlo de alguna manera, y la aplicáramos como base para fundamentar que si continuamos pensando aun después de la muerte, vemos afirmada una existencia fuera de nuestro cuerpo carnal?. Porque aunque estemos clínicamente muertos, en esos minutos previos a la reanimación, tal cual lo afirman las ECM, hay un sujeto que piensa y es consiente de sí mismo aun fuera de su cuerpo, que se ve suspendido en el aire, y puede observar claramente y al detalle los eventos médicos de reanimación que allí ocurren. Pero,.. ¿a través de que medio obtenemos ese dato de la realidad en el cual ya no interviene nuestro cuerpo?, ¿se trata del alma de la que Aristóteles nos da referencias?, ¿o es la conciencia como muchos pretenden afirmar, vista como algo separado del alma que prevalece independientemente guardando la identidad de nuestros pensamientos y recuerdos? .

Hablar de la conciencia hoy, es entrar en un dilema muy profundo, porque, ¿qué es realmente la conciencia, y dónde se encuentra?. Estas son preguntas aun abiertas, a pesar de que no hay nada que conozcamos más en profundidad que la experiencia consciente, y sin embargo no hay nada más arduo de explicar. No obstante, mas allá de toda interrogante aquí planteada, quedémonos por ahora, con lo más relevante en cuanto a las revelaciones sobre las ECM, que tienen que ver con un denominador en común que parecen repetirse en los testimonios y las observaciones a las que se han arribado, respecto a una posible continuidad de la vida después de la muerte pero en distinta forma, lo que nos lleva a deducir, que la muerte del cuerpo no nos arroja al abismo de la inexistencia total. Y más allá de lo que en un futuro no muy lejano podamos investigar o comprobar sobre este tema, lo cierto es que de una u otra forma, la muerte nos enfrenta con nosotros mismos y también con nuestros miedos, y que su cercanía, lejos de espantarnos, a la luz de estas verdades, habrá de contribuir para que amemos aún más a la vida y al prójimo, ya que quienes han tenido la posibilidad de pasar por una ECM, terminan viendo y actuando de una forma diferente, despojados ya de las creencias, adquieren las certezas de que la muerte tal y como solemos pensarla “no existe”, y las esperanzas que nos proporcionan las religiones al respecto, cobran a partir de estos eventos, una plus valía que nos ayuda a afrontar la vida con mayor optimismo, sentido y alegría.

Bibliografía

Aristóteles (1959). Ética a Nicómaco. Madrid: Inst. Estudios Políticos [Edición bilingüe y traducción de María Araujo y Julián Marías ; introducción y notas de Julián Marías]

Bonilla, E. (marzo de 2011). Experiencias cercanas a la muerte: revisión. Recuperado el 13 de abril de 2015 de Investigación Clínica 52(1): http://www.scielo.org.ve/scielo.php?pid=S0535-51332011000100008&script=sci_arttext

French, Ch., & Stone, A. (2013). Anomalistic Psychology. Exploring Paranormal Belief and Experience. Palgrave Macmillan.

Laureys, S. (2006). The Boundaries of Consciousness: Neurobiology and Neuropathology. Elsevier, Col.Progress in Brain Research.

van Lommel, P. et al. (2001). Near-death experience in survivors of cardiac arrest: a prospective study in the Netherlands. The Lancet (358).

Platón- (1986). Dialogos III  Fedón . Madrid: Gredos.

Unamuno, M. (1983). Del sentimiento trágico de la vida, La agonía del cristianismo. Madrid: Akal.

Chaguaceda Toledano, A. (2005). Miguel de Unamuno, estudio sobre su obra. Univ. Salamanca.

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